jueves, 29 de septiembre de 2011

MI VIDA SIN CIUDAD


Hace dos años metí mi vida a una maleta y partí a vivir al campo. Algo que hasta ese minuto era una locura, hoy es una realidad. Ahora miro y es como si hubiera pasado toda una vida…quizás lo he aprovechado mucho…quizás mucho ha pasado.



En dos años,
He descubierto mi amor por la tierra;

                              la amabilidad en la calle y la confianza en el otro;
                              la simpleza de la vida;
                              la sabiduría, la intuición, la conexión;
                              el silencio, la armonía;
                              las ranas, garzas, pajaritos, los árboles, las hortalizas, los frutales y las bondades de mi tierra

He aprendido lo que es vivir en provincia;
                           lo que es importante y lo que no;
                           a cortar el cordón umbilical;
                           lo que tener un auto y disfrutar de él;
                           lo que es tener una propiedad y una casa;
                           conectarme a la tierra, vivir para ella, con ella y de ella;
                           de mis adorada flores y hierbas medicinales;
                           a vivir en pareja y lo que es un matrimonio;
                           a pensar en familia;
                           a amar intensamente;
                           a ser madre.


Dos años, 730 días, que han dejado muchísimo en mi vida y que me han permitido acercarme a lo que soñé. Sin embargo, esto recién comienza…..


Las ranas, las garzas y el atardecer

lunes, 30 de mayo de 2011

EL ELEFANTE ENCADENADO


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

Para aquellos valientes que rompieron la resignación y los que están juntando fuerzas para romperla, vamos que se puede!!!

Gracias por tu cuento hermanito